domingo, 2 de diciembre de 2012
Casco Histórico
La aprobación de las normas de protección del Casco Histórico va a marcar una etapa en las nuevas edificaciones en Castro Caldelas, así como en el tratamiento de aquellos bienes que deben ser conservados. La época del "todo vale", afortunadamente, parece haber llegado a su fin. Personalmente opino que, aunque hasta hora no existiesen estas normas, hace mucho tiempo que deberían de haberse tomado medidas al respecto. Con un poco de sensibilidad y utilizando el sentido común se hubiera evitado la pérdida de construcciones tradicionales, que, aún pareciendo carecer de importancia, eran piezas auténticas e interesantes. Pudieron y debieron ser recuperadas para su uso, modernizadas y actualizadas, pero dentro del respeto a lo original y conservando el propio carácter. En su lugar, en ocasiones, se han levantado verdaderos adefesios, casi siempre con los permisos oficiales. La mejora económica, después de una época deprimida, pretendió, en muchos casos, romper con el vestigio de ese pasado buscando una modernidad mal entendida, perdiendo calidad, categoría y estética. En ocasiones, derribar un muro de piedra tenía como único objetivo ganar unos centímetros de espacio interior. Cierto que las paredes de piedra son mucho más anchas que las de ladrillo, pero el cambio es muy negatidovo en todos los aspectos: en belleza, calidad, confort y se paga a muy alto precio ese pequeño espacio ganado. No puede dejarse al gusto particular de cada uno la imagen global de un pueblo, aunque lo que se haga sea con buena voluntad, pero sin criterio e ignorando el entorno. Nuestro pueblo tiene unas características que lo hacen especial, tenía que haberse mantenido el respeto por lo tradicional y, a falta de ello, un buen asesoramiento que hiciese ver lo que, a veces, se nos escapa. Se ha potenciado la construcción en alturas y permitido el añadido de plantas sin respetar el edificio original, no es algo necesario en un lugar donde el terreno sobra y la demanda de vivienda es escasa. Hay construcciones que realmente afean y se han perdido otras que eran parte de nuestro patrimonio y tradición como ocurrió con los lavaderos públicos: el del barrio de A Pena, el de A Fonte Grande, que estaba en Los Pilos (o que aún está, según dicen, enterrado bajo escombros), necesarios y frecuentados en tiempos no tan lejanos, que ahora parece queremos negar. El de As Laguiñas se mantiene gracias al empeño de los vecinos que no permitieron su demolición.
Conservo la casa de mis abuelos, comprada por el abuelo de mi padre a finales del siglo XIX, siendo ya por entonces una casa vieja que necesitó arreglos para vivir en ella. Hace unos años hubo un momento que pensamos en reformarla e incluso recuperar el corredor de madera que tenía y del que se ven huellas en las piedras de la fachada. Se nos exigía eliminar el patín de entrada y retranquear la fachada hasta igualarla con la de edificio del horno, para aumentar la calle. Nuestra opinión fue que no todas las calles tienen que tener anchura de carretera. Si así fuera, en Santiago de Compostela habría que derrumbar todas las casas del casco antiguo. Por supuesto, optamos por no tocarla, teníamos claro que se podia rehabilitar de forma tradicional y actualizarla conservando lo esencial. En las normas recién aprobadas viene calificada como: PRECIOSA CONSTRUCCION, a la que se darán todo tipo de facilidades para la rehabilitación. Es una casa humilde, pero me llena de orgullo como propietaria que alguien, con la suficiente sensibilidad, haya sabido ver la belleza que hay en lo popular y lo sencillo y me alegro mucho de que hubiésemos tenido el suficiente criterio para no haber cometido el error de destruirla..
Conservo la casa de mis abuelos, comprada por el abuelo de mi padre a finales del siglo XIX, siendo ya por entonces una casa vieja que necesitó arreglos para vivir en ella. Hace unos años hubo un momento que pensamos en reformarla e incluso recuperar el corredor de madera que tenía y del que se ven huellas en las piedras de la fachada. Se nos exigía eliminar el patín de entrada y retranquear la fachada hasta igualarla con la de edificio del horno, para aumentar la calle. Nuestra opinión fue que no todas las calles tienen que tener anchura de carretera. Si así fuera, en Santiago de Compostela habría que derrumbar todas las casas del casco antiguo. Por supuesto, optamos por no tocarla, teníamos claro que se podia rehabilitar de forma tradicional y actualizarla conservando lo esencial. En las normas recién aprobadas viene calificada como: PRECIOSA CONSTRUCCION, a la que se darán todo tipo de facilidades para la rehabilitación. Es una casa humilde, pero me llena de orgullo como propietaria que alguien, con la suficiente sensibilidad, haya sabido ver la belleza que hay en lo popular y lo sencillo y me alegro mucho de que hubiésemos tenido el suficiente criterio para no haber cometido el error de destruirla..
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