lunes, 2 de marzo de 2015
Después de ver un programa en la TV sobre el paraje maravilloso de As Fragas do Eume, observo como, una vez más, los estamentos oficiales van por un lado y la gente de a pie por otro. Las ideas de conservación, cuidados y explotación, una vez más, son dispares. No es igual habitar un lugar, sentirlo tuyo y tener vivencias que te unen a él desde que tienes recuerdos, que hacer planes y proyectos desde un despacho oficial basados en teorías que , muchas veces, son irrealizables porque van en contra de toda lógica. Según los residentes en las inmediaciones del parque, se les ponen trabas de todo tipo. Para restaurar sus casas condiciones imposibles de afrontar, tanto exteriormente como en el interior, sin tener en cuenta en este caso las necesidades de vivienda de sus habitantes. Les ofrecen subvenciones mínimas que, en ningún caso, compensan, no ya la restauración, sino el exceso de gasto que se les exige por normas irracionales. Comentaban el caso de una vivienda construida en los años 40 y ahora semiderruida que, para poder restaurarla, exigen a los propietarios que la hagan toda de piedra. La casa es de ladrillo, así fue hecha originalmente. No sería entonces una restauración, sino una construcción nueva que nada tiene que ver con lo que hay y, por supuesto, sin contar con lo que quieren o pueden hacer los propietarios.
Viven en un entorno natural y una vecina se quejaba de que se le impide tener el perro en su propia huerta porque altera la tranquilidad del entorno, sin embargo se permite la caza y los disparos llegan hasta las inmediaciones de las viviendas No se les permite limpiar el monte, propiedad privada de los vecinos, porque no se puede alterar el ciclo de las plantas silvestres como las zarzas. Luego el incendio llegó hasta las puertas de las casas. Todo es un contrasentido.
Los que planifican no tienen los pies en el suelo, no viven la realidad. Así se ha dado lugar a tanto feísmo en la construcción, a los pueblos pequeños con aspiraciones de casas en "altura", plaquetas en fachadas, formas imposibles y decoraciones incalificables.
Una villa medieval como Castro Caldelas con su castillo ha mantenido bastante su carácter en el barrio de "O Cima da Vila", (que NO Cima DE Vila como a veces se oye, y calle dos DORMIÑÓS, que ha pasado a ser calle DOS DORMILLÓS, no se si tiene algo que ver la economía en este cambio. La nueva construcción no ha seguido esa pauta y deja mucho que desear, empezando por la casa consistorial.
Llegando al pueblo por la calle de Orense, la imagen del castillo es magnífica pero, al pararse a mirar, la vista se topa con una monumental escalera de doble trayectoria que no es adecuada al entorno, está totalmente fuera de lugar, desentona, tanto por su trazado como por el estilo y material y además no es necesaria porque no conduce a ninguna parte. Quizás para remediar esa NADA a la que se dirigía se ha construído una plaza con recortes de piedra, que dicen la ha subvencionado Estrella de Galicia, donde jamás se ve a nadie. Inútil y fea, tanto la escalera como la plaza en primer plano y el castillo como fondo. Increíble. En cambio se han destruído y sepultado obras populares de nuestro pasado no tan lejano, como los lavaderos públicos,. porque, señores, hace años no teníamos lavadoras y esos elementos eran imprescindibles, por eso nuestros antepasados los construyeron con sus manos y su esfuerzo económico.
En muchos lugares se conservan como un vestigio y testigo más de la forma de vida. En la villa de Sanxenxo, malísimo ejemplo de construcción especulativa a niveles exagerados, conservan sin embargo, un lavadero de piedra, similar al que hubo en A Fonte Grande, que luego pasó a Os Pilos y allí yace sepultado. Sanxenxo villa turística, que recibe decenas de miles de visitantes, quizás la que más en toda Galicia, no tiene problema en que ese elemento popular esté en el mismo centro del pueblo.
No hay que renegar del pasado, no hay que hacer abuso de poder ni tomar al pueblo por tonto poniendo o quitando sin su voluntad. Ministro significa servidor.
Viven en un entorno natural y una vecina se quejaba de que se le impide tener el perro en su propia huerta porque altera la tranquilidad del entorno, sin embargo se permite la caza y los disparos llegan hasta las inmediaciones de las viviendas No se les permite limpiar el monte, propiedad privada de los vecinos, porque no se puede alterar el ciclo de las plantas silvestres como las zarzas. Luego el incendio llegó hasta las puertas de las casas. Todo es un contrasentido.
Los que planifican no tienen los pies en el suelo, no viven la realidad. Así se ha dado lugar a tanto feísmo en la construcción, a los pueblos pequeños con aspiraciones de casas en "altura", plaquetas en fachadas, formas imposibles y decoraciones incalificables.
Una villa medieval como Castro Caldelas con su castillo ha mantenido bastante su carácter en el barrio de "O Cima da Vila", (que NO Cima DE Vila como a veces se oye, y calle dos DORMIÑÓS, que ha pasado a ser calle DOS DORMILLÓS, no se si tiene algo que ver la economía en este cambio. La nueva construcción no ha seguido esa pauta y deja mucho que desear, empezando por la casa consistorial.
Llegando al pueblo por la calle de Orense, la imagen del castillo es magnífica pero, al pararse a mirar, la vista se topa con una monumental escalera de doble trayectoria que no es adecuada al entorno, está totalmente fuera de lugar, desentona, tanto por su trazado como por el estilo y material y además no es necesaria porque no conduce a ninguna parte. Quizás para remediar esa NADA a la que se dirigía se ha construído una plaza con recortes de piedra, que dicen la ha subvencionado Estrella de Galicia, donde jamás se ve a nadie. Inútil y fea, tanto la escalera como la plaza en primer plano y el castillo como fondo. Increíble. En cambio se han destruído y sepultado obras populares de nuestro pasado no tan lejano, como los lavaderos públicos,. porque, señores, hace años no teníamos lavadoras y esos elementos eran imprescindibles, por eso nuestros antepasados los construyeron con sus manos y su esfuerzo económico.
En muchos lugares se conservan como un vestigio y testigo más de la forma de vida. En la villa de Sanxenxo, malísimo ejemplo de construcción especulativa a niveles exagerados, conservan sin embargo, un lavadero de piedra, similar al que hubo en A Fonte Grande, que luego pasó a Os Pilos y allí yace sepultado. Sanxenxo villa turística, que recibe decenas de miles de visitantes, quizás la que más en toda Galicia, no tiene problema en que ese elemento popular esté en el mismo centro del pueblo.
No hay que renegar del pasado, no hay que hacer abuso de poder ni tomar al pueblo por tonto poniendo o quitando sin su voluntad. Ministro significa servidor.
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